EL TEATRO COMO ESPECTÁCULO EN EL SIGLO XVIII
PARTE II: ENTRE EL DRAMA PÚBLICO Y EL ARTÍSTICO
(Basado en la Reseña Histórica de Enrique de Olavarría y Ferrari)

Por Renata Armas Bermejo, investigadora teatral

 

Hablar de teatro es pensar en la existencia de dos elementos esenciales: actores y público, ambos cómplices de la ilusión del espectáculo, la mentira estética y dramática que se presenta en un escenario. En el México del siglo XVIII, el teatro comenzó a tomar forma al estilo europeo y el surgimiento de las Compañías teatrales no se hizo esperar, sin embargo había que reeducar al público y la “regulación” de obras, mejor conocida como la censura, se hizo presente como respuesta a la gran cantidad de escritores de teatro que surgieron en una época de caos político.

En la Reseña Histórica del Teatro en México, Enrique Olavarría y Ferrari muestra las ordenanzas que hacia 1786 regirían al público y a las obras, las cuales se encuentran en la Cédula Real en que S.M. se sirvió aprobar el Reglamento u Ordenanzas del Teatro, formado o dispuestas por el Conde de Gálvez, que abarca desde las autoridades que se presentarán a observar el buen comportamiento tanto de actores como del público:

“Manda el Rey, que componer las diferencias de los cómicos, conocer de sus causas por razón de su oficio, señalarla hora, cuidar de que las diversiones sean honestas, con lo demás anexo y dependiente, corresponde al Superior Gobierno de su Virrey. Concurrirán por turno semanario, a ejemplo de Madrid, los alcaldes del Crimen, a efecto de hacer observar con prontitud el buen orden, quietud y sociego públicos, fungiendo de Juez de Teatro el Corregidor y alcaldes ordinarios”.

Para un mejor cumplimiento, se contrataba a un escribano al cual se le pagaban doscientos pesos para que asistiera diariamente al teatro y actuara en todo lo referente a los negocios civiles y criminales, su función, era notificar por escrito o de palabra cualquier mandato del Juez o jueces, ya fueran dirigidos a los cómicos o a los concurrentes.

En cuanto al cuidado de las diversiones, se cuidaba cada detalle en el teatro, desde el diseño del tablado hasta el respeto entre el público y actores: en cuanto al primero, se señala: “Al extremo del Tablado y por su frente en toda la latitud. Se ponga una tabla de altura de una tercia, a fin de embarazar por este medio que se registren los pies de las actoras al tiempo que están representando”. Y en cuanto al segundo se escribe:

“Sin que se suprima el festivo desahogo y comedida libertad con que el público suele manifestar su complacencia por el acierto con que se ejecuta alguna pieza, deberá estar entendido que no se le permitirá estrépito ni alboroto alguno con que se hagan molestos, tolerándose solamente el que palmeen a los Actores (sic) o Actoras (sic), luego que hayan concluido su relación u otro pasaje que merezca la satisfacción y aplauso del todo o parte del espectáculo, al que con sólo el silencio, y no de otro modo, le será lícito manifestar lo contrario, pues no es correspondiente a la decencia del público el abochornar a quien hace lo que puede y sabe, con deseo de agradar y con esperanza de disculpa; y al que se atreva a turbar el espectáculo con voces descompuestas o mofando a algunos de los dichos Actores (sic), se le pondrá en la cárcel por ocho días no siendo persona distinguida, y si lo fuere será conducida a presencia del Gobierno para prevenirle lo que corresponda”.

Los insultos fueron severamente prohibidos, así como la entrada a las cazuelas tanto de hombres como de mujeres por parte de personas ajenas a la Compañía ; para una mejor visibilidad, se prohibió el uso del sombrero, así como el estar embozado dentro del teatro. A la muerte del Conde de Gálvez, la Real Audiencia se hizo cargo de la gobernación y se dispuso a pegar carteles en la puerta del teatro con la finalidad de perpetuar la labor del gobernante anterior. Entre los que menciona el autor se encuentran los siguientes:

“Habiendo acreditado la experiencia en los años anteriores el desorden con que algunos concurrentes al Teatro han procedido en los días del Carnaval, tirando con inconsideración a los palcos y al Tablado, grande porción de anices gruesos, almendras cubiertas y otras piezas de igual tamaño, usando varios de la imprudencia de tirar también cebada, alverjones y otras semillas, y aún a veces piedras pequeñas, con cuyos hechos no sólo incomodan a los demás concurrentes que los sufren, sino que les manchan la ropa, lastima y se turba el espectáculo por el desconcierto en que ponen a los Actores(sic) y Actoras(sic), se manda por la Real Audiencia Gobernadora que ninguna persona use de los referidos medios en los expresados días de carnaval, permitiéndose que puedan divertirse tirando anices menudos de los que suelen llamar gragea o mostacilla, y esto como moderación, bajo en el concepto de que se han dado las órdenes convenientes a la Tropa y los Ministros de Justicia, para que sin excepción de persona alguna aseguren el el acto a cualquiera contraventor y se le ponga en arresto, contra quien se procederá conforme haya lugar y las circunstancias del caso lo exijan: y para que lleguen a noticia de todos, se hace saber al público por medio de este cartel”.

 

A finales de 1786, se dispuso otro cartel en el cual se indicaba:

“Que en las bancas, Palcos, Cazuelas y Mosquete que se alquilan por asientos no haya preferencia, sino que se tomen por los primeros que lleguen, sin que sirva de pretexto que el Acomodador diga estar ya tomados; pero las Bancas de la Luneta , como uno de los sitios más distinguidos y señalados, deben estar ocupadas por las personas que concurran con traje más decente, por decoro de las mismas personas y por el debido al público”.

Por otra parte, al público se le prohibió pedir la repetición de cualquier pieza siempre y cuando no fuera pedida con mesura, además de señalar que la misma se concedería sólo si el artista estaba dispuesto a hacerlo. Para mejorar el ambiente del teatro y evitar accidentes, no se permitió el uso del tabaco dentro del teatro, ni se permitió que lanzaran cáscaras de fruta, cabos de vela u otras cosas, ya que manchaban la ropa, interrumpían el acto o propiciaban riñas entre las personas.

Años después de la ardua labor de educación de un público, hacia 1790, surgió la preocupación por presentar obras de calidad, y fue así como el Conde de Revilla Gigedo nombró como Juez del Teatro de Comedias a D. Cosme de Mier y Trespalacios del Consejo de Su Majestad y su Oidor en la Real Audiencia , quien se apoyó en el Padre D. Ramón Fernández del Rincón para realizar la labor de revisión de obras, designándolo censor de las piezas por su buen juicio y experiencia en esos menesteres. De esta manera, se encuentra un ejemplo de su trabajo:

“La comedia titulada El más honrado más loco que manuscrita me ha traído para su revisión, es un fárrago monstruoso en que se falta a todas las reglas del arte. En la primera jornada se ven dos acciones bien considerables por su extensión, de las cuales una pasa en Nápoles y otra en el Reino de Aragón. En la segunda aparece el personaje principal que habiendo estado en la primera en Nápoles, vuelve después de un viaje de mar y de una larga campaña, a ver lo que pasa en su casa; y he aquí también se introduce un largo coloquio entre dos graciosos, el más insípido e inconducente que se puede imaginar. En la tercera, ya no sé lo que se dice, porque falta la paciencia para leerla, y porque basta haber registrado las dos anteriores, para conocer que toda la pieza es un agregado de inepcias y boberías, indignas de la atención de cualquier hombre que haya uso de razón.

Es cierto que en las producciones de Calderón, Moreto, Solís, Candamo y demás poetas cómicos acreditados, y principalmente en las Tragedias y Comedias Heroicas, se ven violadas las reglas de de la unidad y se experimenten otras irregularidades, pero la fluidez y naturalidad del metro, la hermosura de los pensamientos, la gravedad de muchas sentencias oportunas, el feliz encadenamiento de algunos lances y otros varios pormenores, hacen tolerables los demás defectos y aun los esconden bajo los ojos de los pocos inteligentes. Pero en la pieza en cuestión, nada hay que no choque da al sentido común, porque a más de que, como va dicho, no se observan las leyes esenciales del Drama, la versificación es forzada, los conceptos son viles y chabacanos, las expresiones vagas y algunas impías e irreligiosas, las bufonadas insulsas y groseras, y todo ello un cúmulo de desatinos. Por lo cual soy de sentir que Vuestra Señoría debe mandar que la dicha comedia titulada; El más honrado más loco , sea para siempre proscrita y desterrada del Teatro, y que en consecuencia se recoja del Asentista y se rompa- México, Abril 10 de 1790- Rincón ”.

La última obra registrada en 1796 fue la del autor Fernando Gavila, primer actor de la Compañía del Coliseo Nuevo, titulada La lealtad americana , drama heroico que se representó “en celebridad del feliz cumpleaños de Nuestra Augusta Soberana” y al mismo tiempo, iniciaría la etapa de apogeo de la zarzuela del siglo XIX, con su obra La linda poblana presentada en 1802. Con estos acontecimientos se cerraría la conformación de un teatro real en la capital del país e iniciaría otro tipo de creación, la de ideología neutra, por parte de actores extranjeros que se negarían a tomar partido en la época de Independencia a causa de la extrema vigilancia del Santo Oficio. A pesar de ello, ya se había transformado también un público, que en la siguiente centuria se mostraría más interesado, donde la inocencia y el divertimento quedarían atrás para revolucionar un arte que sería fundamental para la unificación de una identidad meramente mexicana, y que es quizá la mayor aportación del siglo.

Olavarría y Ferrari, Enrique, “Reseña Histórica del Teatro en México”, fragmento, en Leyendas y Costumbres de México , Varios autores. Ed. Del Valle de México, 1980. pp.309-356.

Magaña, Esquivel Antonio, El Teatro, Contrapunto , Fondo de Cultura Económica, México, 1970. p. 27


EL TEATRO HIDALGO

Por Ernesto Cortés, crítico teatral de Colima

 

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El 21 de enero de 2003 el estado de Colima fue sacudido por un terremoto de magnitud 7.8 en la escala de Richter que además cobrar la vida de 21 personas y dejar miles de damnificados, provocó el daño –en algunos casos irreparable- de edificios históricos que formaban parte de la fisonomía y el carácter arquitectónico de la capital. Hubo que derrumbar casas antiguas, construcciones que eran puntos de referencia tradicionales o que daban la nota clásica a las calles de Colima. Tanto el Teatro Alfonso Michel, de Casa de la Cultura , como el Teatro Hidalgo, quedaron gravemente dañados, lo que llevó a que las autoridades consideraran su reparación como parte fundamental de los trabajos de reconstrucción de la ciudad.

El Teatro Alfonso Michel tuvo prioridad y en cuatro meses pudo estar en condiciones de reanudar actividades. Luego, a principios de 2005, fue inaugurado el Teatro Universitario, con lo que aparentemente quedaban cubiertas las necesidades de la ciudad en cuanto a espacios teatrales. Sin embargo, durante todo este tiempo, el teatro Hidalgo, el más antiguo de la ciudad, estuvo cerrado, albergando parvadas de palomas y consumiéndose poco a poco en la oscuridad y el silencio. Uno que otro curioso pedía permiso al guardia para visitar el teatro y constataba con tristeza las cuarteadoras de las paredes, el deterioro general de un espacio abandonado, las capas de polvo acumuladas en la galería que orgullosa exhibía sus fotos, carteles y objetos históricos.

En agosto de 2005, finalmente, iniciaron los trabajos de intervención para el rescate del Teatro Hidalgo. El Fondo Nacional de Desastres destinó inicialmente 3 millones de pesos –del total de los 538.8 millones destinados al estado-, pero, una vez evaluados los daños, se amplió a 7 millones, monto que paulatinamente ha ido aumentando tanto a través de aportaciones federales como del Gobierno del Estado (según las proyecciones de la Sedur , al concluir la remodelación y equipamiento del teatro, se habrán ejercido aproximadamente 43 millones de pesos).

El primer teatro que hubo en Colima para formalizar las representaciones que anteriormente se hacían en los atrios de las iglesias, en los jardines o en casas particulares, fue el llamado Pabellón Mexicano. Fue construido en la década de 1850 y se encontraba en lo que hoy es la calle 16 de Septiembre, en la misma manzana en la que hoy se ubica el Teatro Hidalgo. Cuando durante la segunda mitad del siglo XIX, paralelamente al aumentó del tráfico comercial en el puerto de Manzanillo, Colima se convirtió en lugar de paso de compañías de saltimbanquis, acróbatas, titiriteros, cómicos de la legua y compañías dramáticas y de zarzuela que viajaban con destino a Guadalajara y a la Ciudad de México y que hacían escala en nuestra ciudad, se vio la necesidad de contar con un teatro que ofreciera más seguridad y recursos técnicos que el Pabellón Mexicano, que se encontraba ya en muy mala condición y que incluso había registrado un accidente, el hundimiento de un palco, que había cobrado la vida de un niño.

De esta manera, en octubre de 1871 fue inaugurado el que originalmente se llamó Teatro Nuevo, y posteriormente Teatro Santa Cruz, en homenaje a su benefactor, el gobernador Francisco Santa Cruz. Los trabajos de construcción fueron dirigidos por Lucio Uribe, quien también diseñó muchos edificios públicos y privados de Colima y era considerado el alarife más capacitado de la ciudad. El nombre de Teatro Hidalgo le fue dado por el Tte. Coronel Eduardo Ruiz, comandante militar de la plaza y gobernador del Estado de Colima, en decreto del 8 de agosto de 1914.

Desde su inauguración, el Teatro Hidalgo ha albergado espectáculos de las más diversas índoles. Desde El Gran Balabrega, que en 1901 hacía levitar a una mujer y la pasaba flotando por sobre las cabezas del público, hasta Don Goyo, el robot que en 2002 ofreció un recital, tocando el teclado. Marcel Marceau, Plácido Domingo, Ángela Peralta, y personajes de la política como el presidente Porfirio Díaz han pisado el escenario del Hidalgo, que es un teatro de herradura con un diseño que ya no es muy común en nuestros días y que lo convierten en una joya arquitectónica.

Luis Enrique Jiménez, coordinador del teatro, nos lleva a una visita guiada por los pasillos, escaleras, palcos y rincones ocultos del teatro. Es una sensación extraña el ver el teatro Hidalgo en los huesos, desnudo de sus galas, exponiendo el ladrillo y la trabe, sin su alfombra ni su lujoso plafond rangeliano, con el piso desnudo lleno de las plumas de las palomas que se han apropiado del recinto. La sobriedad del recinto contrasta con la música alegre de la cuadrilla de albañiles que se afana en el tercer piso, cambiando todas las vigas de madera que sostienen los palcos y reforzando las paredes con malla electrosoldada.

Hace algunos cuatro años, Luisa Huertas interpretaba junto al canadiense Francois Trudel la obra El Ogrito para un grupo de estudiantes de secundaria cuando se soltó una tormenta que a los pocos minutos volvió imposible la audición debido al escándalo que la lluvia provocaba sobre el techo del teatro, que a la postre era de zinc. Este tipo de problemas será evitado en adelante gracias a que el nuevo techo está formado por paneles especiales con aislamiento acústico y térmico. Por cierto, la tormenta en cuestión fue “conjurada” en pocos minutos por doña Luisa con el peculiar método de clavar un cuchillo en tierra, en este caso una navaja de los técnicos en una maceta de la casa de don Manolito, entonces velador del teatro.

Entre los cambios que registrará el teatro está la creación de un palco presidencial en el segundo nivel, así como de una cabina de control en el tercero. La seguridad es uno de los temas que más se tuvieron en cuenta para estos trabajos, y una grata novedad es la creación de escaleras de acceso a ambos lados de los pasillos de la herradura, por medio de las cuales el público podrá acceder de manera más cómoda y segura a los niveles superiores, eliminándose la escalera de entrada que llevaba al tercer piso. Otra cuestión importante es la instalación de un sistema de detección de incendios y de hidrantes en cada nivel del teatro, sustituyendo el antiguo sistema de extinguidotes con que antes se contaba.

La altura del vestíbulo de entrada subirá unos 30 cm . sobre el nivel de la calle, la antigua galería se convertirá en cafetería y se remodelarán las oficinas administrativas del teatro, así como los camerinos y los baños. La duela del escenario será cambiada; se pondrá nuevo alfombrado y, en una primera etapa, los asientos de los palcos serán movibles. Con el ya citado cambio de techo, se van a ganar 2 metros en la altura de las varas que sostienen telones y escenografía, lo que mejorará la calidad técnica y visual de los espectáculos que aquí se presenten.

Paradójicamente, nos comenta Luis Enrique Jiménez, con el desastre vinieron descubrimientos interesantes que permitieron una reconstrucción del teatro incluso más fiel a sus orígenes: se descubrieron nueve puertas que habían estado tapiadas por losas, probablemente desde la remodelación de 1961. Con la apertura de estos accesos se mejorará la seguridad del teatro así como la iluminación natural de áreas de tránsito. Por otra parte, se reubicará la estación eléctrica del teatro, y se agregará una planta generadora que funcionará como respaldo para casos de emergencia.

En cuanto a cuestiones tecnológicas, una importante novedad será la sustitución del antiguo sistema de tramoya por uno que será en parte contrapesado (de manera que una sola persona puede levantar cientos de kilos) y en parte electrónico (por medio de un sistema de motores controlados desde cabina), siendo esto último una novedad no solo en Colima, sino en México, lo cual colocará al Teatro Hidalgo como uno de los foros con mejores recursos tecnológicos en el país. Se renovará asimismo el equipo de iluminación y de sonido, así como el sistema de aire acondicionado. Así pues, esta será la remodelación más completa y de mayor inversión económica que se haya dado en este teatro.

Cada lunes, en el escenario del teatro se reúnen los representantes de las partes implicadas en la reconstrucción del teatro: La Secretaría de Desarrollo Urbano, la Secretaría de Cultura, Protección Civil, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la empresa constructora, y un asesor externo, el arquitecto Julio Mendoza. Revisan los avances de la obra, comentan los detalles, se planea el trabajo de la semana, se evalúa lo que se ha hecho. Se espera que el teatro esté listo para diciembre de este mismo año (es posible que se reinaugure con el II Congreso Nacional de Teatro, del que Colima será sede), pues los trabajos marchan a buen ritmo. Una vez concluida la intervención y el equipamiento, el Teatro Hidalgo quedará a la par de los mejores del país en cuanto a lo técnico, la seguridad y la elegancia de su diseño. Será ahora el turno de la comunidad cultural colimese de generar las actividades artísticas que revivan la dignidad de este espacio y continúen la tradición del arte escénico en nuestra ciudad .


DE LO PREHISPÁNICO A LO NOVOHISPANO, SÓLO DIÁLOGOS TEATRALES

(I PARTE)

Por Renata Armas Bermejo*

 

Una de las interrogantes en la historia de la literatura novohispana es la ausencia o consecución del teatro en la Nueva España. Al parecer, la incertidumbre se debe a la existencia de representaciones prehispánicas como respuesta a la necesidad de manifestación trascendental, la cual, deposita en la palabra la base de una cosmogonía filosófica y mítica.

Por otra parte, hacia los siglos XV y XVI, el teatro español se encontraba en proceso de perfeccionamiento como arte, se descubre un Nuevo Continente y es en éste donde adquiere una finalidad distinta, sobre todo en el proceso de conquista. El principal argumento para afirmar la existencia o carencia del teatro se puede visualizar en el discurso, la concepción del artista y la motivación de las representaciones; si se analiza a partir de la palabra, la lengua y con mayor énfasis, la intencionalidad.

 

Porque antes de todo está la palabra

Para el náhualt, en particular y en todas las culturas prehispánicas en general, la palabra en sí misma era el principio y fin, la unidad colectiva, el medio ideal para entender el mundo y a sí mismos. Los códices, libros, la palabra escrita, eran la traducción convenida entre los mecanismos pasados, presentes y futuros del universo, tanto en el horizonte cósmico como en el de la ciudad, del calpulli y del hogar cósmico. Sobretodo, la palabra tiene la misión esencial de registrar el pasado en función de un presente que ella modela y de un futuro que prepara, según los designios de los dioses; su memoria, el comentario y metáfora. Su finalidad consiste en decir la posición cosmológica y social del individuo y del grupo, así como las coordenadas esenciales de sus equilibrios y de las amenazas que los acechan; sin ella, la vida pierde su sentido, queda separada de la trama misteriosa pero reveladora de sus ligas positivas y negativas con las fuerzas que rigen y pueblan el universo. Sobre la Palabra, está escrito en Los Anales de Cuauhtitlán:

 

Cuando aquello decayó, quedó la palabra recuerdo, ontlalóloc,en Tenochtitlán, Tlatoloyan, o sea la sede por excelencia del tlatóllolt (las palabras recuerdo), estuvo primero en Tula, en Quaquecholan, en Quauhnáhuac, en Uaxtépec, en Quahuacan.

Cuando aquello decayó, quedó la palabra recuerdo, ontlalóloc, en Azcapotzalco, en Colhuacan, en Coahuatlinchan.México, en Tezcoco Acolhuacan, en Tlacopan Tepanohuayan.

La evocación y la escritura están constituidas por componentes mágicos y cargados de connotaciones simbólicas, como el uso de la pintura negra y roja en los Códices, que representan lo reemplazable, la sabiduría, el hundimiento de la ciudad. Los símbolos o topoi traspasan el significado primario real para significar realidades de otro orden; las palabras no son retóricas sino sustanciales y objetivas. Se observa en la cultura náhuatl la educación de los escritores, donde los padres, que ofrecían a sus hijos al Calmécac, les hacían la siguiente recomendación: “ Toma cargo de la tinta negra y roja, el color de los libros, de las pinturas. Colócate en la cercanía, en la proximidad de los prudentes y del sabio(…) He aquí la voz completa, la palabra completa, la expresión de nosotros, los viejos, las viejas.

 

La comprensión d el valor social del artista se complementa con la información que proporciona Miguel León Portilla en su libro Literatura del México Antiguo sobre las actividades artísticas. El artista (tolteca) aparece como “discípulo, abundante, múltiple, inquieto. El verdadero artista: capaz se adiestra, es hábil; dialoga con su corazón, encuentra las cosas con su mente. (…) crea. (Pero) El torpe artista: obra al azar, se burla de la gente, opaca las cosas, obra sin cuidado, defrauda a las personas, es un ladrón.”

 

Es un ser consciente tanto de la función creadora como de la finalidad de su creación, habla con el corazón, identifica a un pueblo con sus leyendas y despierta sentimientos en el espectador: Como ejemplo basta revisar el discurso del Coloquio de dos Príncipes composición que aparece escrita hacia 1523 o 1524, donde el diálogo entre Ahuízotl y Tlacahuepan muestra la añoranza y la melancolía por la gloria pasada como tema principal. En él se manifiesta la consecución de signos-pensamiento, donde se parte de dos figuras representativas: Nezahualcóyotl y Moteuczoma, a su alrededor giran el llanto, el sufrimiento y la muerte, pero como elementos de exaltación para alcanzar la inmortalidad en Tenochtitlán. La abundancia de los topoi como la garza, el tigre, la joya y el águila, simbolizan la grandeza (según estudios de Motolinía) y parten del pensamiento prehispánico y de la importancia del Canto. Así, la alternancia equitativa de los diálogos pudo haber hecho posible la representación en el escenario.

 

Ahuízotl : Sufre mi corazón, yo soy Ahuízotl,

lloro pues de ver a los príncipes Nezahualcóyotl y Moteuczoma

Yo hago de mi canto empresa de señores, como joya crece, así se levanta.

Lloro pues de ver a los príncipes Nezahualcóyotl y Moteuczoma.

En mi sueño voy al reino de los muertos

Y allí entreveo a mis jóvenes capitanes,

Al príncipe Tlacahuepan…

En algún lugar donde tu fama vive,

En algún lugar se te dicen cantos,

¡viven en Tenochtitlán! (…)

Tlacahuepan : Es llevada, mi señor, es llevada

Mi floreciente grandeza: soy Tlacahuepan:

¡ya la engalana orgulloso

ancho plumaje de garza!

Ya va dando gritos de águila y de tigre

el Tezcacohuacatl Macuil Atzin

 

Si bi en la ejecución prehispánica tiene nexos con lo filosófico, no se llegaba a la totalidad sin la presencia de danza, música y vestuario; el escenario era designado no sólo para rituales sino también para otros temas como la exaltación de hechos o, como podría considerarse, representaciones del mundo real, que muestran las costumbres de una cultura, tratadas en ocasiones con humor, como en Las mujeres de Chalco, donde la voz femenina aparece como elemento nuevo con la risa y la sonrisa, dando muestra de esta variedad. Entonces si bien el arte es el producto de un acto creativo que responde a cada momento -en forma directa o indirecta- a la ideología de una sociedad en la que surge y es universal, intrínseca al ser humano a lo largo de su historia; aunque en el México antiguo no exista algo cercano a ello sí hay en cambio una serie de elementos que prefiguran el concepto como actividad creadora.

 

 

 

 

*Ha participado en talleres literarios en Aguascalientes y Guadalajara. Actualmente estudia la Licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara y realiza una investigación sobre el discurso en el teatro del siglo XVI.
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